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Objetivo 1650

Objetivo 1650

El referente principal del centro Espacio Pirineos se encuentra en su propia historia. El antiguo colegio de la iglesia de la Compañía de Jesús de Graus -hoy Espacio Pirineos- fue testigo, durante la década de 1650, de la obra y talento de dos personajes imprescindibles, Esteban de Esmir y Baltasar Gracián.

En 1650 la población de Rivagorza disminuyó notablemente.. Coincidió con la reducción de la población la escasez de numerario en toda España.. esto trajo a Rivagorza la penuria de oro y plata, de suerte que agravó las consecuencias fatales de la guerra… En el año 1651 se presentó la peste en Rivagorza. Hizo estragos en la zona baja nuestra, y los pueblos procuraron acudir al cielo para que la hiciese cesar.. su población se redujo a la cuarta parte.

Así retrataba el historiador foncense Moner y Ciscar la situación de Graus y Ribagorza durante los años centrales del siglo XVII. Hambre, sequía, peste, escasez y la guerra, por partida doble, ya que la condición fronteriza de Ribagorza le hizo pagar las consecuencias de la Guerra de los 30 años entre Francia y España, así como de la sublevación catalana. La Paz o Tratado de los Pirineos de octubre de 1659 sirvió para poner fin a la guerra y apaciguar las revueltas.

Pero para nosotros, hoy, lo definitorio de este breve periodo, lo que lo caracteriza y pervive de él es el florecimiento cultural vivido en Graus por unos años, un breve pero resplandeciente tiempo protagonizado por dos figuras preeminentes, Esteban de Esmir y Baltasar Gracián. El grausino Esmir alcanzó a ser catedrático en la universidad de Lérida, obispo de Huesca o diputado del reino de Aragón, además de autor de un buen número de libros e investigaciones sobre derecho foral aragonés o religión. Esmir, convencido de la importancia de la educación elemental en un territorio como el ribagorzano, vacío de centros formativos, fue el principal mecenas en la fundación del colegio de la Compañía de Jesús en Graus, a cuya obra entregó más de 50.000 escudos, y en la que, como recuerda Moner, el pensamiento del establecimiento de aquella institución, fue generalizar en nuestro pais la enseñanza de las humanidades y teologia. Esmir gozó de gran popularidad y prestigio en su tiempo, a cuya fama ayudaron noticias como la de su implicación personal en la peste de 1651. Murió en 1654 y su cuerpo fue enterrado en el santuario de La Peña de Graus, en cuya finalización también colaboró económicamente.

El colegio jesuita de Graus comenzó pronto a dar sus frutos al emerger de sus aulas de gramática y humanidades alumnos aventajados. Por aquellos años también destacaron los grausinos Jerónimo Palacín, licenciado y jurisconsulto en Zaragoza, y fray Esteban Samitier, primer profesor del convento zaragozano de San José de la orden del Carmen, autor de numerosas obras religiosas y morales.
 
Pero fue el escritor Baltasar Gracián el más insigne autor vinculado a Graus en estos años, donde pudo haber escrito la segunda parte de su gran obra El Criticón, según la tradición oral y la información que recoge el pie del retrato que de Gracián se conserva en Graus y se exhibe, precisamente, en el propio centro Espacio Pirineos. Gracián sería llamado a Graus por Esmir en 1652 para, a un tiempo, colaborar en la puesta en marcha del colegio a cuya orden pertenecía, los jesuitas, pero también para mantenerle a salvo de la superior jerarquía de la orden, que lo tenía en el punto de mira debido a su desobediencia reiterada. Baltasar Gracián, el más universal de los escritores aragoneses, y el más brillante de su época en España, llegó casi casualmente y fruto del mecenazgo cultural de Esmir, a los aposentos del recién levantado colegio jesuita de Graus, protagonizando una fugaz edad de oro de las letras en Graus. Posteriormente, en 1658, Gracián volvería a Graus, contra su voluntad, y como castigo a la publicación de obras como El Criticón. Salió de Graus muy castigado físicamente, muriendo a los pocos meses en Tarazona.

Esteban de Esmir y Baltasar Gracián dejaron en el colegio de la Compañía de Jesús de Graus, y en todo su entorno, un poso intelectual indeleble, una huella en la historia, que hoy es espejo y motivo referente del trabajo que por la cultura se realiza desde el centro Espacio Pirineos, antigua iglesia de la Compañía de Jesús en Graus.

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