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Museo Municipal de Historia PDF Imprimir E-mail

Espacio Pirineos acoge, desde el 8 de febrero de 2007, y en las capillas laterales de la nave, una colección de piezas de valor histórico y artístico relacionadas con la villa de Graus, su entorno y los personajes históricos más destacados. Es lo que constituye el Museo Municipal de Historia de Graus, formado por las siguientes obras:

Yacimiento de la Cueva del Moro (Olvena).
Edad del Bronce
.

Restos de vasija de cerámica
Cuentas de collar de hueso
Punzones de hueso
Hachas de piedra pulimentadas
Anónimas. Edad del Bronce (5º-4º milenio a. C.). Cerámica, hueso y piedra.
Cesión del Museo de Huesca (Gobierno de Aragón).


 

En una pared del congosto de Olvena, bajo la actual ubicación de la población a la que pertenecen territorialmente, se encuentran estas cuevas exploradas por Berges y Solanilla en 1966. Se citan «enterramientos secundarios» en el interior de la cueva, que pudo servir de habitación temporal en la parte de la entrada. A los hallazgos conocidos se les puede asignar una fecha eneolítica o de principios de la Edad del Bronce. Este poblamiento sería, en general, algo posterior al existente bajo la peña de Las Forcas, en Graus, bajo la confluencia de los ríos Ésera e Isábena, poblado desde el período Magdaleniense inferior, pero que lamentablemente no ha dejado restos de tanto interés como Olvena.

Yacimiento romano de Labitolosa (La Puebla de Castro).  Ss. I-III

Ánfora de barro
Antefija de barro
Molino de granito
Vasija de cerámica
Monedas de metal
Anónimas. Imperio Romano. Barro, cerámica y aleación metálica.
Cesión del Museo de Huesca (Gobierno de Aragón).


Labitolosa fue la más importante ciudad hispanorromana del entorno pirenaico hispano. Sus ruinas se extienden a lo largo de casi doce hectáreas por el macizo Cerro Calvario, en La Puebla de Castro, a unos ocho kilómetros al sur de Graus. Los principales monumentos excavados son el edificio del Genio del Municipio (la curia), dos edificios termales y una domus o casa romana. Su desaparición, en torno al siglo III, sería fulminante. Su primera noticia documental es aún más tardía, del siglo VI, cuando se menciona la Terra Labetolosana.


Privilegio Real a Graus.  Feria de San Miguel

Redactado por el notario real Juan de Berax. 1202. Pergamino.
Propiedad del Ayuntamiento de Graus.

 

En 1201 el rey Pedro II concedía al monasterio de San Victorián el traslado a la villa de Graus de la feria ganadera que, por San Miguel, venía celebrándose en su monasterio de San Pedro de Tabernas desde 1076. El traslado intentaba favorecerse de las mejores condiciones de comunicación y demográficas de Graus, la nueva y más importante honor del monasterio sobrarbés. Un año después, el rey aragonés firmaba este documento por el que ratificaba la concesión de esa feria para ser celebrada en la partida grausina conocida como El Grado, desde tres días antes hasta siete después del 29 de septiembre. También concedía su especial protección a los que allí fueran, estuvieran o volvieran. La feria se ha celebrado ininterrumpidamente hasta hoy, e incluso ha recuperado el carácter caballar desde su octavo centenario, en el año 2001.


Privilegio señorial a Graus. Los señores feudales de la villa eximen a sus súbditos de los servicios que prestaban anteriormente al castillo.

Redactado por el escriba Pedro Egidio. 1228. Pergamino.
Propiedad del Ayuntamiento de Graus.

Villa de señorío feudal, Graus pasó desde su conquista aragonesa (1083) a manos del monasterio sobrarbés de San Victorián. La población estuvo adscrita a su poder durante siglos, aunque en determinados momentos los monjes se sirvieron de señores locales para el dominio efectivo de la plaza. Así sucede con este documento, cuando los señores eran Juan de Lográn (luego de Graus) y su mujer Vergeta. En él eximen a los grausinos de los servicios a realizar en su castillo, excepto a cuatro familias del lugar.


Tabla del Calvario.

Probablemente, obra del conocido como Maestro de Viella. 2ª mitad del s. XV. Temple sobre tabla.
Cesión de la parroquia de San Miguel Arcángel de Graus.

Formaría parte de un retablo creado para la iglesia de San Miguel de Graus, del que este Calvario sería el remate. Nos muestra la imagen de Cristo crucificado, flanqueado por la Virgen María y San Juan. En un segundo plano aparece una Jerusalén convertida en una ciudad portuaria medieval. La figura de Jesús es estilizada y su imagen serena, dentro de la línea idealizadora del Gótico.


Cruz de Término.

Cruz, capitel y fuste.
Anónimos. Obras del siglo XV ó XVI la cruz y capitel, quizá algo posterior el fuste. En piedra tallada.
Propiedad del Ayuntamiento de Graus. La cruz es una donación de Francisco Cristos.

Estas cruces se ubicaban a la salida de los pueblos, en las inmediaciones de sus iglesias o cementerios, en los cruces de camino o en lugares de evocación milagrosa. En el siglo XV se afianzó este modelo, compuesto por un fuste anclado en un podio, un capitel octogonal, y la cruz. El capitel, octogonal, abre a cada uno de sus lados una hornacina, separadas por una pilastrilla rematada por una flor de lis. En ellas aparecen figuras de caballeros, posiblemente mártires y santos, y la de un obispo. La cruz presenta dos caras: en una aparece Cristo crucificado y en la otra, la Virgen con el Niño en pie entre sus brazos.


Retrato de Baltasar Gracián

Anónimo. S. XVII. Óleo sobre lienzo.
Cesión de la parroquia de San Miguel Arcángel de Graus.

Baltasar Gracián nació en 1601 en Belmonte, cerca de Calatayud, y muy joven ingresó en los Jesuitas. Publicó casi todos sus libros con seudónimos al prohibir la Orden escribir de temas no religiosos. Como castigo por una de esas publicaciones, fue trasladado al colegio jesuita de Graus a principios de 1658. Este retrato procede de ese antiguo colegio de la Compañía, anexo a la iglesia, y que fuera desmantelado durante los años 60 del siglo XX. Antes, el retrato pasaría a la iglesia parroquial de San Miguel. La obra, anónima, es uno de los dos únicos retratos conocidos del más universal de los escritores aragoneses.

En diciembre de 2008, y bajo el retrato de Gracián, se presentó la nueva vitrina-expositiva con ediciones antiquísimas de su obra cumbre El Criticón, todas ellas cedidas por Eugenio López Malo.


Cristo de la Compañía.

Anónimo. S. XVIII. Madera.
Cesión de Casa Lucas Malo (Graus).

Este Cristo barroco procede originalmente de una de las capillas de esta misma iglesia. Sin embargo, ha estado en manos de particulares desde el siglo XIX, cuando las propiedades de los jesuitas fueron puestas en venta con motivo de la Desamortización.




Cámara de fuelle y trípode.

Andrés Burrel Sopena. Finales del S. XIX. Madera.

Cesión de la familia de Andrés Burrel (Torres del Obispo)

Andrés Burrel (1874, Torres del Obispo) es el más antiguo fotógrafo del Alto Aragón del que se conserva su archivo. Fotografió su entorno más cercano: Torres del Obispo, Graus, Benabarre y toda la Baja Ribagorza pasaron ante su cámara. Realizó retratos individuales y colectivos, así como acontecimientos importantes de la vida local.

En la mayor parte de los retratos la gente vestía sus ropas de fiesta y aparecían tensos, pues debían permanecer inmóviles durante varios segundos, debido a la preparación de estas cámaras. Espacio Pirineos muestra gran cantidad de las fotografías de este polifacético personaje.


Retrato de Joaquín Costa.

Anónimo. Principios del s. XX. Papel.
Propiedad del Ayuntamiento de Graus.

Joaquín Costa nació en Monzón en 1846, aunque a los 6 años ya estaba residiendo en Graus con su familia. Experto en leyes, filosofía, historia del derecho y agricultura, fue considerado la figura más representativa del Regeneracionismo del 98, siendo un entregado reformador social. Hombre de carácter fortísimo, formó parte de la Institución Libre de Enseñanza.

En 1905 se retiró definitivamente a Graus, debido a una penosa enfermedad degenerativa, y aquí murió el 8 de febrero de 1911. Su imagen es ruda y austera, como buen altoaragonés que era, y así queda reflejado en este retrato, realizado a partir de fotografías a las pocas fechas de su muerte.


Joaquín Aventín, su padre; Cipriana Llanas, su madre; manos de ambos.

José María Aventín. Mediados del s. XX. Escayola.
Cesión de la familia Calvera.

Conocido como el escultor de rostros, Aventín nació en Santaliestra, en 1898. Gran religioso y de carácter introvertido, fue en 1930 cuando se lanzó a realizar su primera escultura. Consiguió una beca para estudiar en Madrid, donde comenzó Bellas Artes. Optó por el realismo en sus obras, con el que pretendía plasmar la personalidad del retratado. Realizó los bustos de sus padres a su muerte, en los primeros años 50, hecho que trastocó profundamente su universo personal, en el que la familia tenía un papel muy destacado.  Falleció en Madrid en 1984 dejando un legado que podría calificarse como la mejor colección de retratos de la escultura aragonesa del siglo XX.